
SOBRE NOSOTROS
¡Bienvenidos a la Misión Ojos de Misericordia! Nos dedicamos a tender puentes para ayudar a familias y comunidades necesitadas y en situación de pobreza. Desarrollamos estrategias de crecimiento personal y emprendimiento inspiradas en la Palabra de Dios para contribuir al desarrollo de niños, jóvenes y adultos con amor, fe y compasión por los demás.
Nuestro propósito es brindar apoyo emocional, espiritual y educativo, asà como ayudar a satisfacer las necesidades básicas y promover el emprendimiento mediante actividades misioneras locales e internacionales. Nos enfocamos especialmente en ayudar a las comunidades de paÃses que sufren hambre y pobreza extrema.
En nuestra misión, nos esforzamos por llegar a los más vulnerables para sembrar esperanza y un futuro en sus corazones.
¡Juntos podemos lograrlo!
Nuestros fundadores

Felice Fernández
Fundador

Diana Angélica Fernández
Fundador
Nuestra historia
Impulsados por nuestro amado Señor Dios a contribuir al bienestar de las personas vulnerables y de quienes encontramos en nuestro camino, la Misión Ojos de Misericordia fue fundada en 2020.
Somos Felice y Angélica, esposos, amigos, compañeros de trabajo, colegas y fundadores de Ojos de Misericordia. Durante muchos años, incluso sin conocernos, sentimos un profundo deseo de ayudar a quienes lo necesitan. Cada uno de nosotros oró a Dios para que este sueño, nacido en su corazón y puesto en el nuestro, se hiciera realidad.
NACIDO DE UNA VISIÓN
Yo, Felice, viajaba a mi pueblo con mi hija de 12 años en un autobús intermunicipal que volcó varias veces. El vehÃculo quedó semidestruido y hubo muchos heridos, pero mi hija y yo salimos ilesas. Mientras atendÃan a los pasajeros heridos, me dirigà al pueblo más cercano en busca de otro medio de transporte para continuar mi viaje a casa. De repente, vi a un hombre tirado en la acera bajo el sol abrasador del mediodÃa. Estaba deshidratado y hambriento, y parecÃa un indigente. Su situación me impactó, pero aún más la indiferencia y las burlas de algunas personas a su alrededor, que disfrutaban de una bebida refrescante en un lugar cómodo al otro lado de la calle, mientras él yacÃa allà sin que nadie les prestara atención. Rápidamente, intenté ayudarlo, llevándole agua y comida y tratando de protegerlo del sol. Con un sentimiento de dolor en el corazón, continué mi camino, pensando en cómo podrÃa hacer más para ayudar a muchas personas sin esperanza en el mundo, asà que mientras oraba a Dios con este propósito, él me guio a esta visión a solas con mi esposa Angélica.




